Un país que no sale en los mapas

 

“Dicen que hay un país donde todo funciona diferente porque todo el mundo es igual desde la diferencia. Cuentan que en ese país los ciudadanos son iguales hablen como hablen, piensen lo que piensen, vengan de donde vengan, tengan el color de piel que tengan”.

 

      Me lo contó hace tiempo un anciano que estaba sentado en un banco de un parque cercano a mi casa y que no volví a ver nunca más. Me lo explicó con el desasosiego de no haber sabido encontrarlo nunca a pesar de estar convencido de que existe. Búscalo, y marchaos de aquí con tu familia, esto cada día irá a peor; se han perdido todos los valores, todos. Me decía con una brizna de tristeza en su mirada.

 

“Es un país donde el respeto es un valor protegido y donde sus ciudadanos se esfuerzan por sobresalir en educación y seriedad en todos los campos. Una tierra donde aman la cultura porque saben que la creatividad los hace hombres y mujeres libres. Un lugar donde la gente responde los correos electrónicos y devuelven las llamadas de teléfono. Donde te atienden con una sonrisa cuando te diriges a alguien. Un país donde por la calle nadie grita ni se insulta cuando conducen. Donde las empresas pagan las facturas. Donde el estado ayuda a los emprendedores y cuida de los trabajadores. Donde los empleados son personas y no recursos. Donde los jefes tóxicos no existen y lideran a sus equipos con pasión y empatía.  Donde la experiencia y la edad son un valor en la empresa y los jóvenes bien formados no abandonan su tierra porque tienen oportunidades para elegir. Un país donde no hay tertulianos que lo saben todo y se pasan el día diciendo tonterías de tele en tele, de radio en radio. Donde los periodistas son imparciales, tienen opinión propia y no la del propietario. Donde nadie presume de saber más que el otro y tener la razón absoluta. Donde los políticos no son profesionales y para serlo hay que haber trabajado muchos años para entender la realidad social; y si yerran en su tarea, se van por la puerta sin que nadie les diga nada. Un país donde el amor por la naturaleza está interiorizado en cada ciudadano desde la infancia. Un lugar donde parece ser que los bancos son entidades al servicio de los ciudadanos. Un país donde te felicitan cuando te llega el éxito y te animan a volver a intentarlo cuando el fracaso es una realidad. Un país de gente sencilla donde no hay que tener más que el otro. Una sociedad que no conoce la arrogancia y nadie pregona cada cinco minutos cuantos clientes tiene, cuantos títulos tiene colgados en su despacho. Una tierra donde no se comprende el concepto de ser anti de cualquier cosa. Donde saben que la culpa no es siempre de los foráneos y donde el deporte sólo es un acto de celebración y fiesta los fines de semana. Un pueblo, donde los maleducados y los imbéciles son señalados e invitados a cambiar de actitud. Un país donde a las minorías se las escucha pero estas nunca pretenden imponerse a la mayoría. Donde todas las lenguas son bienvenidas como fuente de riqueza cultural. Cuentan que en este país que no sale en ningún mapa han llegado a tal nivel de cultura que la religión es un rito minoritario que se practica en la intimidad como un hecho espiritual, nunca como un acto político para imponerse al resto del pueblo. Una sociedad donde a nadie se le ocurre cuestionar que la mujer es la dueña de su cuerpo, y nadie, y menos el estado o la religión, tiene nada que decir. Una tierra donde dicen que el amor no distingue entre géneros. Un país que no sale en los mapas por el miedo a ser conquistados por la arrogancia, el egoísmo, la insolidaridad, la intolerancia, la xenofobia, el racismo, la demagogia y la estupidez humana… es decir, por todo lo que tenemos aquí. Busca el país sin mapa, hazlo por mí; mira en las librerías de viejo de cualquier rincón del mundo que pises, dicen que existe un libro de viajes de un viajero que estuvo en el y en su lectura está la respuesta de cómo llegar”.

 

      Ya hace mucho tiempo, que como el abuelo que me lo contó no dejo nunca de detenerme en las librerías de viejo, sea donde sea, en busca de un libro de viajes que habla de un país que no sale en los mapas. Mi biblioteca ya está llena de este género literario de todos y cada uno de los grandes viajeros que ha dado la historia, de Chatwin a Theroux, pero todavía no he encontrado este libro; quizás no existe, no lo sé… Pero este país, esta Europa, me ha agotado tanto que me hace falta creer que el abuelo del parque no estaba equivocado y podemos seguir soñando, lo único que, de momento, no nos han quitado.

 

© 2017 Josep de la Casa

 

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